
Estoy otra vez aquí sentada esperándote, me gusta mecer mis pies mientras espero, ya estas aquí puedo sentirte. Te sientas a mi lado.
-¿Qué paso?-me preguntaste
-Moví la cabeza en señal de que no pasaba nada
-¿Estás bien?-insististe
-esta vez hice sí con la cabeza, pero seguía con la mirada perdida
-sabes que no puedes hacer esto, si lo sigues haciendo llegará un momento en el que ya no podré verte más.
¿Ya te tienes qué ir? Al fin dije algo.
-no, todavía no, tengo unos minutos como máximo. No puedo quedarme más tiempo
-pero… podrías parar el tiempo y esos diez minutos podrían ser meses, años o toda una vida.-decidí voltear y verte a la cara, estabas triste lo sabia y lo sentía en tu voz.
Llevaba casi un año produciendo estos encuentros. Aun recuerdo la primera vez, era verano como ahora, estaba yo, en el baño y unas pastillas para dormir, una sobredosis tal vez, que no fue intencional. Al principio tuve miedo, pero no lo demostré, era algo nuevo para mí, en realidad parecía que te estaba esperando, una especie de cita, creo que mi curiosidad te cautivo, prometiste que todo estaría bien y me dejaste ir, no me llevaste contigo, desde entonces he necesitado verte, pero nunca me llevas contigo, sé que lo haces para garantizar un próximo encuentro.
-sabes que esto no esta bien, si vienes aquí no deberías volver, no deberías jugar con tu suerte…ya llegara el momento y estaremos juntos –me pareció un consuelo.
-Lo sé
-Ya te tienes que ir
-No quiero…
Me abrasaste y besaste mi frente con la dulzura y la ternura que solo yo puedo inspirarte. Te he visto tantas veces hacer tu trabajo, llegar inesperadamente y con la mayor frialdad del mundo arrebatarles a muchos lo que más aprecian y sin embargo lo que yo más aborrezco, que me resulta complicado creer que eres el mismo.
Detesto volver… mi frente sangra, había chocado el auto saliendo de un bar, con unas copas de más.
-maldita sea –me quede dormida, para cuando desperté estaba en un hospital y escuché decir al doctor que era una suerte que estuviera viva. “Un accidente” les hizo creer a todos, pero ambos sabemos la verdad antes de darme de alta solo me dijo una cosa: “no se puede ir por la vida coqueteando con la muerte”…pero yo creo que sí.